Antes de morir y por gestiones de Alberto Rougés y Ernesto Padilla, Miguel Lillo (31/7/1862-4/5/1931) resolvió donar sus valiosas colecciones de botánica y zoología, su biblioteca y su propiedad a la Universidad Nacional de Tucumán, con la condición de que fuesen administradas por una comisión asesora vitalicia. Luego de la muerte del sabio tucumano, se integraron el Instituto Universitario y la Fundación que lleva su nombre, organismos cuya labor científica ha adquirido prestigio internacional.
Luego de cinco años de trabajos, se realizó ayer la reapertura de Museo Miguel Lillo de Ciencias Naturales La idea de reformular los criterios de exposición y de reacondicionar el edificio construido en la década de 1960, surgió a comienzos del siglo XXI. El criterio fue emplear la tecnología disponible y darles a las exposiciones un sentido didáctico que las hiciese más accesibles al público. En las salas se exhibe el patrimonio de la región Noroeste, relacionado con la geología, la botánica y la zoología). También puede verse la famosa colección del inglés Stewart Shipton, ex administrador del ingenio La Corona, de propiedad de los reyes de Inglaterra, y primer intendente de Concepción, integrada por especies de animales que habitaron el suelo tucumano. Por iniciativa de Alberto Rougés, primer presidente de la Fundación Lillo, se adquirió esta colección que era codiciada por el Museo Británico. También se exhibe parte de la colección entomológica y láminas ejemplares del famoso Genera et Species Plantarum Argentinarum, en sus contenedores originales.
Los visitantes podrán ver videos y multimedias que muestran el comienzo de la vida en el planeta, así como la evolución de las especies. Los fósiles del Herrerasaurus y el Marasuchus dan una idea de cómo era la fauna de esta región hace 225 millones de años. También impactarán al público los ejemplares del Cuaternario, como gliptodontes, megaterios, tigres diente de sable, así como una réplica del esqueleto de un dinosaurio que, en vida, pesó aproximadamente 70 toneladas.
El actual presidente de la Fundación dijo que en las salas permanentes se emplea un lenguaje museográfico moderno que se apoya en el empleo de tecnología multimedia (proyección de sonido e imágenes), en la iluminación pensada para resaltar los objetos, así como la inclusión de sectores lúdicos.
Siempre es bienvenida en una comunidad la apertura de un museo y mucho más cuando se trata del Lillo, uno de los patrimonios científicos más valiosos que posee Tucumán, de renombre internacional. Las autoridades de la fundación que lleva el nombre del sabio, que fue doctor honoris causa de la Universidad de La Plata, miembro de la Academia de Ciencias de Córdoba; Medalla Científica Internacional de la Academia de Le Mans y miembro de la Sociedad Astronómica de Francia, realizaron un trabajo elogiable desde todo punto de vista para  este tesoro sea conocido por todos los comprovincianos. Se  adelantó que el próximo desafío es revalorizar la Biblioteca que contiene la Colección Humboldt, de la que sólo existen cuatro consideradas originales. También  unificarán dependencias comunes que tienen el Instituto Lillo, la UNT y el Conicet en un predio comprado por la Fundación al frente de la manzana histórica.
Se ha anunciado que a partir de junio, el Museo también estará abierto los fines de semana, y contará con guías especializados. De ese modo, el Lillo se convertirá seguramente en uno de los atractivos turísticos de la provincia, como lo es, por ejemplo, en la provincia de Buenos Aires, el Museo de Ciencias Naturales de La Plata. Seguramente, si don Miguel Lillo saliera de su tumba por un instante se alegraría de ver que su legado goza de buena salud.